jueves, 2 de febrero de 2012
La importancia de ser organizado: un caso práctico
Hoy es uno de esos días en los que no tienes nada que hacer y te acuerdas de que abriste un blog, así que aquí estoy. Además, hace frío hasta en Benidorm (sí, aquí en invierno también vive gente), así que no pienso asomarme ni a la ventana. Días de estos he tenido muchos en el último mes, porque el máster no me exigía mucho tiempo y en mi bandeja de entrada no aparecía ningún correo electrónico de esos que te alegran el día al ver que el asunto es Translation request.
Tenía pensado escribir una entrada sobre qué hacer los días (semanas o meses si estás empezando) en los que no tienes ningún encargo ni nada remunerado que hacer. Sin embargo, creo que voy a hablar de otra cosa: la importancia de ser organizado. Para explicaros el porqué, os cuento cómo ha sido mi última semana:
Miércoles 25: llega uno de esos e-mails, acepto el encargo y Trados se niega a abrir los archivos porque dice que le hace falta no sé qué (ahora sí lo sé y no volverá a faltarle nunca).
Jueves 26: me tiro todo el día (y parte del anterior) intentando solucionar el problema. La gestora de proyectos me comenta que intentará hablarlo con los informáticos de la agencia para ver si es que falta algún archivo o hay algún problema (pero no lo hace). A última hora de la tarde, después de haberme leído todos los tutoriales del mundo y de haber probado todo lo habido y por haber, consigo solucionar el problema (y me atrevería a decir que casi por casualidad). Llamo a la agencia y la gestora me dice que entregue la traducción el lunes. Un rato después me llaman y me ofrecen hacer una revisión para entregarla al día siguiente. Estoy más liada que la pata de un romano, pero acepto (hace un mes que no entra trabajo y aquí no se dice que no a nada). El traductor no había puesto mal ni una coma, así que acabo en un momento y me dan ganas de llamarlo para darle las gracias.
Viernes 27: me paso la mañana en la universidad porque se me había olvidado que tenía que acudir a un acto (si no llega a ser por mi relación amor-odio con Trados, no sé cómo lo hubiera hecho: no hay mal que por bien no venga). Traduzco y reviso una y otra vez el texto como si no hubiera mañana (pero no hasta la mañana siguiente, sino hasta el lunes).
Sábado 28: sigo traduciendo y revisando, pero me acuerdo de que el martes tengo un examen. Ya a las 9 de la noche decido ponerme a estudiar.
Domingo 29: estudio, leo la traducción, estudio, la vuelvo a leer…
Lunes 30: entrego la traducción a primera hora y me voy corriendo a entregar la declaración del IVA porque es el último día para hacerlo (como buena española, sí señor). Me acuerdo de que tengo que entregar una práctica del máster (y hacerla primero, claro).
Martes 31: estudio un rato más, hago el examen y, antes de caer rendida, decido que a partir de ahora tengo que organizarme mejor.
¿Y cómo? Pues yo, de momento, voy a comenzar a seguir estos sencillos pasos:
- Disponibilidad: conviene tener un calendario bien hermoso al lado del ordenador para tener claro si podemos aceptar un encargo o no. De esta forma, sabiendo qué es lo que tenemos que hacer en los próximos dos o tres días, nos resultará más fácil calcular si podemos realizar una traducción de calidad y, además, tener tiempo para comer y dormir (de vida social ni hablamos, ya tendremos tiempo la semana siguiente cuando no haya trabajo).
· - Estudios: somos muchos los que hemos decidido hacer un máster (mucho se ha hablado de este tema los últimos días). Si se combinan los estudios con la traducción, es muy importante llevar el tema académico al día. Realizar las prácticas y trabajos a tiempo nos garantiza que si nos sale un encargo dos días antes de un plazo de entrega de algo de la universidad, no nos supondrá un problema. Con los exámenes pasa lo mismo: mejor ir estudiando la materia poco a poco que pegarse el atracón el día de antes (y, mucho menos, si el día de antes tienes que entregar una traducción). Además, se supone que has elegido ese máster porque te interesa la materia y quieres especializarte, así que nada mejor que dedicarle un poco de tiempo todos los días para asimilar bien los conceptos y aprender más («Le dijo la sartén al cazo», estarán pensando los que me conocen).
· - Fiscalidad: trabajar por cuenta propia tiene una serie de ventajas y desventajas que todos conocemos (o sufrimos). Una de las cosas que menos les suele gustar a los traductores es tener que encargarse de los temas fiscales (sobre todo a los que, como yo, son de letras puras). Conviene tener todo al día y no dejar nada para última hora. Si hay un mes para entregar la declaración del IVA y lo dejas para el último día, es probable que te surja algún problema y acabes entregándola fuera de plazo. Además, a la hora de facturar conviene ser organizado y puntual: en mi caso, si en lugar de enviar una factura el día 31 de enero lo hago el día 1 de febrero, significa que cobraré 30 días más tarde (y añadirle 30 días a los tropecientos que tengo que esperar hasta que me paguen…).
· - Herramientas TAO: aquí hay dos cosas que me gustaría comentar. En primer lugar, hay que asegurarse de que las herramientas con las que trabajamos funcionan correctamente, están actualizadas, etc. Que llegue un encargo y te tires horas para empezar a traducir porque hay un problema con el software, no tiene ninguna gracia (doy fe). En segundo lugar, a veces también te ofrecen hacer una traducción con una herramienta que no tienes ni dominas. En ese caso entra en juego el factor formación. Conviene conocer y probar nuevas herramientas, sobre todo las gratuitas que están a disposición de todo el mundo. Asistir a cursos de formación también es una inversión de tiempo (y normalmente dinero) que nos puede salir muy rentable a corto plazo.
Ha sido una entrada un poco estresante (¡sobre todo para mí!), así que lo dejo por hoy. Mañana asistiré a las II Jornadas de transición al oficio de traductor e intérprete que organiza la Universidad de Alicante, así que igual el sábado me animo y os cuento qué tal.
Aunque sea jueves: ¡buen fin de semana!
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