martes, 13 de marzo de 2012
La queja útil: me explico para que me entiendas
Hoy venía leyendo en el coche (no iba conduciendo yo, no os preocupéis) The prosperous translator: advice from Fire Ant &Worker Bee, que podéis adquirir en TheBook Depository, Amazon o donde os plazca. Es un libro muy entretenido que, sin duda, se merece una entrada propia. Durante años, Chris Durban y Eugene Seidel (Fire And y Worker Bee, respectivamente) han utilizado su columna en el Translation Journal para dar respuesta a las preguntas de estudiantes, traductores, personal de agencias de traducción, etc. En las diferentes secciones del libro se agrupan preguntas y respuestas que abordan temas interesantes para cualquier traductor: formación, tarifas, marketing, calidad, buenas prácticas... Hay algo que me gusta especialmente, y es que por lo general las preguntas y las dudas vienen acompañadas de muchas quejas (intrusismo profesional, tarifas demasiado bajas, «He mandado 100 currículums y no me llama nadie», etc.). No es que me guste el hecho de que se quejen (cada loco con su tema y yo con mis tonterías), sino las respuestas de estos dos traductores, que suelen ser «tirones de orejas» que invitan amablemente al quejica a que se espabile y a que, si quiere quejarse, lo haga ante la persona adecuada. Hoy leía lo siguiente:
Why do clients always always always spring for the cheapest supplier? And then they regret it and people like me have to pick up the pieces.
Angry
Dear Angry,
Perhaps because you aren’t charging these particular clients enough for your text-repair services?
At the risk of repeating ourselves, a translator who agrees to “fix” poorly translated texts at cut rates is part of the problem. So if your clients come to you regularly for this service (“always always always”), you may well be an enabler. [...] If they haven’t figured out where the problem lies (pay peanuts, get monkeys), set up a meeting and walk them through the figures. Be patient and pleasant – and be sure to put a price on the frustration at their end and yours.
Good luck! FA & WB
Hace dos semanas me encargaron la revisión de un texto acerca de una herramienta utilizada en laboratorios químicos. La gestora de proyectos correspondiente me informó de que había calculado (no me preguntéis cómo) que tardaría unas tres horas y media en realizar la revisión. También me dijo que tenía que hacer una LQA (Language Quality Assurance), es decir, que tenía que rellenar un formulario con todas las correcciones realizadas e indicar la gravedad de los errores para poder evaluar al traductor. Además, me dijo que otra compañera se pondría en contacto conmigo porque también quería que creara un glosario. Me llamó por teléfono y me dijo que había calculado (esto me resulta más difícil de calcular si cabe que lo anterior) que tardaría una media hora, pues solamente (¡solamente!) tenía que ir añadiendo los términos en el glosario a medida que iba realizando la revisión. Yo ya sabía que no iba a tardar cuatro horas en hacer ambas tareas, pero si se lo hubiera dicho de primeras, me habrían preguntado:
– ¿Y cómo puedes calcularlo si todavía no has visto el texto?
– ¡Fíjate! Justo en eso estaba pensando. ¡Dímelo tú!
Sin embargo, esta conversación no se produjo y me limité a aceptar el encargo, teniendo muy claro que, una vez pasadas las 4 horas «pactadas», hablaría otra vez con la encargada del proyecto y le comentaría la situación.
Y este fue el proceso:
1. Me facilitaron una base de datos que, al parecer, contenía los términos más relevantes (¡OJO!). Me dijeron que tardaría un poco en cargar, pero que no me preocupara. El caso es que tuve que actualizar la base de datos para poder abrirla con mi versión de Multiterm y, efectivamente, tardó «un poco en cargar» (unas ocho horas, básicamente). Al comenzar con la revisión, me di cuenta de que los términos más relevantes eran pocos e innecesarios (machine, air, product...).
2. Al ver que los términos que había en la base de datos no eran muy útiles, decidí que incluiría en el glosario todos los términos y expresiones especializadas que me encontrara (es decir, prácticamente todo el texto). TRADUCCIÓN: no tardé media hora.
3. A medida que revisaba la traducción veía cosas más y más raras: «si ha ordenado un ordenador», «regrese los valores», «la herramienta necesita NO accesorios». Además, abundaban las omisiones y las «traducciones libres»... Yo iba leyendo, quedándome anonadada y anotando todo. Efectivamente, después de cinco horas me puse en contacto con la gestora de proyectos y le comenté la situación. Quizá fui un poco dura con el traductor, y por eso entonces me confesó que se le había olvidado comentarme que la traducción la había realizado un traductor sudamericano, así que no debía ser muy dura con la evaluación, puesto que eso afectaría al traductor («El traductor se está afectando él solo, no necesita mi ayuda», pensé yo). Entendí que había «errores» que quizá no lo eran tanto, pero otros 100 que no tenían explicación alguna, así que seguí con lo mío. Sin embargo, le dije que ya había trabajado una hora más de lo pactado y que al menos me quedaban dos horas más (no me costó nada calcularlo: tenía que acabarlo en dos horas).
4. Last but not least: la persona encargada lo entendió perfectamente y en dos minutos lo arregló y rectificó las horas pactadas en un principio. Además, tengo que admitir que fue muy simpática y se disculpó por las posibles molestias causadas por su olvido.
MORALEJA
¿De qué sirve quejarse en FB (que lo hice) o en Twitter (que también lo hice) sobre lo mala que es la traducción que tenemos que revisar?
- ¿De qué sirve quejarse mientras te tomas un café con un colega sobre la misteriosa capacidad que tienen los gestores de proyecto para calcular el tiempo que vas a tardar en hacer algo?
- ¿De qué sirve «hacerse mala sangre» porque te está costando más tiempo del esperado hacer un trabajo y la culpa no es tuya? (Porque, en mi caso, la culpa la solemos tener mi versión de Trados o yo).
Pues ya os lo digo yo: absolutamente de nada. Porque, como dice una gran sabia andaluza (mi madre, curranta como ella sola y sabia en las cosas importantes de la vida): el que quiera peces, que se moje el culo. O como dicen la mayoría de los novios cuando son incapaces de entender por qué se ha enfadado su chica: «Pero si no me dices qué he hecho mal, ¿cómo lo voy a saber?». Hablando se entiende la gente (eso ya lo digo yo), así que en estos casos lo mejor es quejarse (con buenas formas y siendo lo más educado posible) ante la persona indicada y explicar por qué necesitamos más tiempo, por qué vamos a cobrar más por el servicio o por qué el traductor en cuestión no ha dado la talla (y, en ese momento, a lo Xosé Castro, dejas caer que tú también eres traductor y que estarías encantado de prestarles ese servicio tú mismo la próxima vez).
¿Qué hacéis vosotros cuando tenéis algún problemilla de este tipo? ¿Cómo calculáis (si os dan la opción) lo que vais a cobrar por una revisión? ¿Cobráis por hora o por palabra? ¿Sois más de quejaros en el bar o ante la persona apropiada?
¡Que tengáis una buena semana! Y si tenéis que revisar alguna traducción, espero que os toque un traductor que al menos pase el corrector ortográfico.
martes, 28 de febrero de 2012
Versatile Blogger Award
Instrucciones:
Quizá esa sea la razón por la que evito a toda costa tener que ir al médico (y esperar horas hasta que me atiendan), realizar cualquier tipo de gestión que implique tener que lidiar con funcionarios, pasar horas en la facultad en clases de utilidad discutible, etc. Siempre intento llevar apuntes o un libro encima para no perder la poca paciencia que tengo y convencerme de que al menos así estoy haciendo algo útil.
1. Dale las gracias a quienes te hayan premiado y añade un enlace a su perfil o blog en tu entrada.
Marina (@marinigc), autora del blog La mar de traducciones, me ha nominado al Versatile Blogger Award, así que esta es la excusa perfecta para escribir una nueva entrada. ¡Gracias, Marina! :)
2. Comparte siete cosas sobre ti:
1. En Benidorm vive gente todo el año (sí, sí) y llevo toda la vida rodeada de extranjeros.
A mucha gente le parece increíble, pero así es. Cuando dices que eres de Benidorm, muchos te preguntan sin hay colegios, institutos, ambulatorios... (true story).
A veces, cuando alguien viene por primera vez a Benidorm se queda impresionado por la cantidad de británicos con los que se cruza por las calles o por el paseo marítimo. Además, te dicen que cómo puede ser que estando en España haya calles enteras llenas de bares, restaurantes y negocios ingleses. ¿Cómo puede ser que entres en un bar y el camarero no hable español? ¡Les extraña! ¡Si es lo más normal del mundo! A nosotros lo que nos parece raro es ir a un pueblo y que todo el mundo hable valenciano (a veces se nos olvida dónde vivimos) o ir a tomarte algo, que entre un turista y el camarero no hable inglés. Spain no sé, pero Benidorm is different seguro. Por eso, cuando llego a otro país, el hecho de estar rodeada de extranjeros me parece algo natural y me siento casi como en casa.
Vivo en una ciudad en la que el pasado 31 de diciembre la gente estaba en la playa tomando el sol porque las temperaturas estuvieron toda la mañana en torno a los 22 grados. Por eso, cuando estoy en el extranjero, normalmente en Reino Unido o en Alemania, lo que más echo de menos es el sol (y la paella, las cañas... pero sobre todo el sol). Si viviera en otro país, seguramente me gastaría el sueldo en calefacción y ropa de abrigo.
3. En mi CV te puedes encontrar cualquier cosa.
Evidentemente, no pongo esas cosas en el currículum que mandaría a una agencia de traducción, pero desde los 16 años he tenido todo tipo de trabajos: administrativa, animadora en hoteles, operadora de sonido, azafata, dependienta, au-pair, profesora de español, recepcionista... He aprendido algo de cada trabajo y de cada compañero y he hecho cosas muy curiosas, como bailar el Grease Lightning delante de mil personas, atender a un par de famosos en una tienda o acompañar a la mujer de Ruiz Mateos al palco de un estadio. Dudo que la mitad de estos «puntos» lleguen a conectarse en el futuro, pero la verdad es que me he divertido mucho y he conocido a gente genial en la mayoría de esos trabajos.
4. Soy muy impaciente y odio perder el tiempo.
Quizá esa sea la razón por la que evito a toda costa tener que ir al médico (y esperar horas hasta que me atiendan), realizar cualquier tipo de gestión que implique tener que lidiar con funcionarios, pasar horas en la facultad en clases de utilidad discutible, etc. Siempre intento llevar apuntes o un libro encima para no perder la poca paciencia que tengo y convencerme de que al menos así estoy haciendo algo útil.5. Soy tan perfeccionista que me saco de quicio a mí misma.
Cualquiera diría que se trata de una virtud, pero me da demasiados dolores de cabeza. Repaso cada traducción dos mil veces para que el corrector no se encuentre ni un solo fallo. Aunque es lo normal, después de haber corregido un par de traducciones me he dado cuenta de que no todos los traductores prestan tanta atención a los detalles (algunos ni pasan el corrector ortográfico, vaya).
6. "Never knew before what eternity was made for. It is to give some of us a chance to learn German." Mark Twain
En septiembre de 2007 comencé a aprender alemán. A día de hoy, ya os puedo decir cuándo voy a terminar: ¡en la vida! Después de los primeros meses yo ya sabía cómo iba a acabar aquello (nicht gut), pero la decisión estaba tomada y me quedaban cuatro años de intentar descifrar palabras interminables y sonidos incomprensibles. Aunque no mucho, algo aprendí, así que cuando acabé la carrera supe que tenía que irme algunos meses al país de la Merkel, así que me fui a Múnich para trabajar de au-pair con una familia. Madre irlandesa, padre alemán y tres niñas bilingües: al menos así no me moriría de hambre y no tendría problemas de comunicación. Jamás me arrepentiré de haber tomado esa decisión, y no solo porque mi alemán mejoró muchísimo (a peor no podía ir), sino porque conocí a gente muy interesante que me hizo darme cuenta de la cantidad de oportunidades que tenía por delante, incluso de algunas que tenía a la puerta de casa en España y que descubrí estando a miles de kilómetros. A Orla, la madre de la familia, le debo todo el alemán que aprendí (me obligó a hablarlo desde el primer día porque a ella también le había costado muchísimo) y otras muchas lecciones que nada tienen que ver con los idiomas (aunque ella habla seis). Además, ahora tengo casa para cuando quiera ir a la Oktoberfest, así que solo tendré que invertir en un buen dirndl.
7. ¿Por qué me especializo en traducción médica?
Me he tragado todas las temporadas de Anatomía de Grey, pero no fue por eso (¡menos mal!). Durante la carrera decidí hacer prácticas preprofesionales y elegí un hospital público de la zona. Estuve un mes ayudando cuando algún paciente extranjero tenía alguna duda, interpretando cuando los médicos querían hablar con pacientes que no hablaban español, etc. En general me gustó mucho la experiencia, pero hubo momentos muy complicados, como cuando tuve que explicarle a una mujer de Kazajistán que tenía que pagar muchos miles de euros por la cesárea a la que se había sometido y por la hospitalización del bebé. También me enfadé muchas veces cuando veía el desprecio con el que algunos funcionarios trataban a los pacientes extranjeros, puesto que los veían como una molestia. Había descubierto algo en lo que me podía especializar, que tenía salidas y que me permitiría ayudar a los demás: la traducción médica. Tanto si acabo trabajando en el ámbito sanitario o delante de un ordenador traduciendo prospectos de medicamentos, no me arrepiento de haber tomado esa decisión y de haber comenzado el Máster en Traducción Médico-Sanitaria de la UJI.
3. Pásale el premio a otros 15 blogs que hayas descubierto recientemente y/o que disfrutes leyendo.
1. Algo más que traducir http://algomasquetraducir.com/
2. La paradoja de Chomsky http://olivercarreira.es/blog/
3. Traducción médica, técnica y literaria https://traduccionmedicatecnicaliteraria.wordpress.com
4. Mundo errante http://frikilinguismo.blogspot.com/
5. Localización y testeo con Curri http://localiza-me.blogspot.com/
6. El arte de traducir http://elartedetraducir.wordpress.com/
7. No sin mi Trados http://blandibloo.blogspot.com
8 Dos traductoras y un destino http://blog.bellastraducciones.com/
9. La prueba de lo ajeno http://lapruebadeloajeno.wordpress.com
10. La traductora sin palabras http://latraductorasinpalabras.blogspot.com/
11. El placer de traducir http://www.elplacerdetraducir.com/
12. Traducir para contarlo http://traducirparacontarlo.wordpress.com/
13. La mar de traducciones http://lamardetraducciones.com/
14. El traductor errante http://eltraductorerrante.blogspot.com
15. Traducir&Co http://traducirco.blogspot.com/4. Ponte en contacto con los blogueros premiados para que sepan que lo están.
Lo voy a intentar... ¡pero no prometo nada!
He recibido algunos correos electrónicos con preguntas sobre el máster que estoy realizando, así que la próxima entrada irá sobre ese tema ;)
¡Hasta la próxima!
jueves, 2 de febrero de 2012
La importancia de ser organizado: un caso práctico
Hoy es uno de esos días en los que no tienes nada que hacer y te acuerdas de que abriste un blog, así que aquí estoy. Además, hace frío hasta en Benidorm (sí, aquí en invierno también vive gente), así que no pienso asomarme ni a la ventana. Días de estos he tenido muchos en el último mes, porque el máster no me exigía mucho tiempo y en mi bandeja de entrada no aparecía ningún correo electrónico de esos que te alegran el día al ver que el asunto es Translation request.
Tenía pensado escribir una entrada sobre qué hacer los días (semanas o meses si estás empezando) en los que no tienes ningún encargo ni nada remunerado que hacer. Sin embargo, creo que voy a hablar de otra cosa: la importancia de ser organizado. Para explicaros el porqué, os cuento cómo ha sido mi última semana:
Miércoles 25: llega uno de esos e-mails, acepto el encargo y Trados se niega a abrir los archivos porque dice que le hace falta no sé qué (ahora sí lo sé y no volverá a faltarle nunca).
Jueves 26: me tiro todo el día (y parte del anterior) intentando solucionar el problema. La gestora de proyectos me comenta que intentará hablarlo con los informáticos de la agencia para ver si es que falta algún archivo o hay algún problema (pero no lo hace). A última hora de la tarde, después de haberme leído todos los tutoriales del mundo y de haber probado todo lo habido y por haber, consigo solucionar el problema (y me atrevería a decir que casi por casualidad). Llamo a la agencia y la gestora me dice que entregue la traducción el lunes. Un rato después me llaman y me ofrecen hacer una revisión para entregarla al día siguiente. Estoy más liada que la pata de un romano, pero acepto (hace un mes que no entra trabajo y aquí no se dice que no a nada). El traductor no había puesto mal ni una coma, así que acabo en un momento y me dan ganas de llamarlo para darle las gracias.
Viernes 27: me paso la mañana en la universidad porque se me había olvidado que tenía que acudir a un acto (si no llega a ser por mi relación amor-odio con Trados, no sé cómo lo hubiera hecho: no hay mal que por bien no venga). Traduzco y reviso una y otra vez el texto como si no hubiera mañana (pero no hasta la mañana siguiente, sino hasta el lunes).
Sábado 28: sigo traduciendo y revisando, pero me acuerdo de que el martes tengo un examen. Ya a las 9 de la noche decido ponerme a estudiar.
Domingo 29: estudio, leo la traducción, estudio, la vuelvo a leer…
Lunes 30: entrego la traducción a primera hora y me voy corriendo a entregar la declaración del IVA porque es el último día para hacerlo (como buena española, sí señor). Me acuerdo de que tengo que entregar una práctica del máster (y hacerla primero, claro).
Martes 31: estudio un rato más, hago el examen y, antes de caer rendida, decido que a partir de ahora tengo que organizarme mejor.
¿Y cómo? Pues yo, de momento, voy a comenzar a seguir estos sencillos pasos:
- Disponibilidad: conviene tener un calendario bien hermoso al lado del ordenador para tener claro si podemos aceptar un encargo o no. De esta forma, sabiendo qué es lo que tenemos que hacer en los próximos dos o tres días, nos resultará más fácil calcular si podemos realizar una traducción de calidad y, además, tener tiempo para comer y dormir (de vida social ni hablamos, ya tendremos tiempo la semana siguiente cuando no haya trabajo).
· - Estudios: somos muchos los que hemos decidido hacer un máster (mucho se ha hablado de este tema los últimos días). Si se combinan los estudios con la traducción, es muy importante llevar el tema académico al día. Realizar las prácticas y trabajos a tiempo nos garantiza que si nos sale un encargo dos días antes de un plazo de entrega de algo de la universidad, no nos supondrá un problema. Con los exámenes pasa lo mismo: mejor ir estudiando la materia poco a poco que pegarse el atracón el día de antes (y, mucho menos, si el día de antes tienes que entregar una traducción). Además, se supone que has elegido ese máster porque te interesa la materia y quieres especializarte, así que nada mejor que dedicarle un poco de tiempo todos los días para asimilar bien los conceptos y aprender más («Le dijo la sartén al cazo», estarán pensando los que me conocen).
· - Fiscalidad: trabajar por cuenta propia tiene una serie de ventajas y desventajas que todos conocemos (o sufrimos). Una de las cosas que menos les suele gustar a los traductores es tener que encargarse de los temas fiscales (sobre todo a los que, como yo, son de letras puras). Conviene tener todo al día y no dejar nada para última hora. Si hay un mes para entregar la declaración del IVA y lo dejas para el último día, es probable que te surja algún problema y acabes entregándola fuera de plazo. Además, a la hora de facturar conviene ser organizado y puntual: en mi caso, si en lugar de enviar una factura el día 31 de enero lo hago el día 1 de febrero, significa que cobraré 30 días más tarde (y añadirle 30 días a los tropecientos que tengo que esperar hasta que me paguen…).
· - Herramientas TAO: aquí hay dos cosas que me gustaría comentar. En primer lugar, hay que asegurarse de que las herramientas con las que trabajamos funcionan correctamente, están actualizadas, etc. Que llegue un encargo y te tires horas para empezar a traducir porque hay un problema con el software, no tiene ninguna gracia (doy fe). En segundo lugar, a veces también te ofrecen hacer una traducción con una herramienta que no tienes ni dominas. En ese caso entra en juego el factor formación. Conviene conocer y probar nuevas herramientas, sobre todo las gratuitas que están a disposición de todo el mundo. Asistir a cursos de formación también es una inversión de tiempo (y normalmente dinero) que nos puede salir muy rentable a corto plazo.
Ha sido una entrada un poco estresante (¡sobre todo para mí!), así que lo dejo por hoy. Mañana asistiré a las II Jornadas de transición al oficio de traductor e intérprete que organiza la Universidad de Alicante, así que igual el sábado me animo y os cuento qué tal.
Aunque sea jueves: ¡buen fin de semana!
lunes, 9 de enero de 2012
Tarifas de traducción aceptables: the million dollar question
Estreno blog hablando de este tema tan básico e imprescindible para cualquier traductor: las tarifas. Recuerdo que hace unos dos o tres años un profesor de la facultad nos dijo que si nos especializábamos, podríamos cobrar entre 0,10 y 0,12€/palabra. ¡Y nos lo creímos! Es evidente que se puede llegar a aplicar dicha tarifa (con años de experiencia, calidad, profesionalidad y, sobre todo, clientes que estén dispuestos a pagarla), pero lo que yo he encontrado al dar mis primeros pasos en el mundo de la traducción (y de sus agencias) es que establecer unos precios coherentes, ni altos ni bajos pero acordes con el mercado y con el servicio que puedo ofrecer, no es una tarea tan sencilla. Los que llevan años en la profesión ya no tendrán el mismo problema que yo, que llevo dos noches soñando con céntimos por palabra, pero sigue siendo un tema muy discutido entre los profesionales de la traducción.
Hace unos meses, conseguí que me incluyeran en la base de datos de una agencia de traducción con sede en Madrid, y lo primero que tuve que hacer fue establecer mis tarifas. Le pregunté a una amiga que es gestora de proyectos y me aconsejó que cobrara 0,06€/palabra, pero que en realidad su empresa recurría en la mayoría de los casos a los traductores que cobraban 0,03€/palabra. Seguí su consejo y esa fue la tarifa que establecí, al menos para dicha agencia. Ya he realizado un par de traducciones y revisiones con ellos, así que me parece que no fue tan mal consejo. Sin embargo, estoy casi segura de que recibiría más ofertas si hubiese decidido cobrar un precio más bajo. Pero ¿merecería la pena? Es evidente que nunca está de más traducir todo lo posible para ir ganando experiencia, pero no estoy segura de que tener que realizar dos encargos mal pagados (con todo el esfuerzo y tiempo que ello conlleva) para ganar la misma cantidad que con uno en el que estoy cobrando una tarifa razonable merezca la pena. Dejando a un lado mi opinión, me gustaría comentar lo que he ido leyendo y escuchando al respecto últimamente.
Soy miembro de la Xarxa y hace unos meses les pregunté acerca de las tarifas a los compañeros con más experiencia. Ellos lo tenían muy claro: no les compensaba trabajar con agencias por menos de 0,06€/palabra y aplicaban una tarifa más alta en el caso de clientes particulares. Al mencionar los famosos 0,03 y 0,04€/palabra, todos estuvieron de acuerdo en que a final de mes no merecía la pena dedicarse a la traducción a tiempo completo, pues como comentó uno de ellos “para ganar 1.600 euros a 4 céntimos tienes que hacer 40 mil palabras. Descuéntales los -280 euros de autónomos, el 20% de IRPF que tocará al cabo del año fiscal (-320). Son 600 euros menos. O sea, mileurista (sin contar gastos de luz, internet, teléfono...)”. Este mismo traductor también comentó que sí es posible llegar a cobrar los 0,10€ por palabra que nos prometían en la facultad, pero “es que en la facultad no te dijeron que había que romperse la crisma para conseguirlo”. Además, también mencionaron un estudio de Asetrad de 2008 sobre los hábitos y tarifas de los traductores que se desarrolló en base a una encuesta a la que contestaron traductores de toda España. Ya en 2008 la cifra de 0,06€/palabra era el mínimo que la mayoría estaba dispuesto a cobrar.
Lo mismo apuntaba Pablo Muñoz en 2010 en este post de su blog Algo más que traducir: al hablar de los recién licenciados afirmaba que “tampoco le diría que cobrase 0,03 € por no tener experiencia. Y que os quede claro una cosa: en esta primera etapa considerad que a veces un bajo precio se compensa por la experiencia ganada, PERO eso no significa que haya que aceptar una miseria por no tener la experiencia”. A continuación, también mencionaba el caso de los traductores con experiencia y afirmaba que, en su caso, “de 0,05 € no bajo a menos que sea un favor a alguien”. Él mismo mencionaba también un post del blog The world in my hands en el que Verónica García comentaba lo siguiente: “¿Cómo creen que es posible crearse una cartera de clientes cobrando 0,03 € en tus inicios y pretender subir a una tarifa normal como 0,08? Lo más seguro es que cuando quieras subir tus tarifas esos clientes busquen otro traductor que cobre lo que cobrabas tú al principio, porque no les interesa nada más que gastar poco”.
Hace un mes también surgió un debate interesante respecto a este tema en el grupo TRADUCTORES de LinkedIn porque una usuaria preguntó acerca de la “tarifa media moralmente aceptable en España”. La respuesta fue unánime: entre 0,05-0,07€ y 0,10-0,12€ por palabra. Asimismo, los participantes calificaban de “abusivas” las ofertas de trabajo por debajo de esa tarifa mínima.
Una vez dicho esto, lo que me interesa es conocer vuestra opinión: ¿consideráis que 0,06€/palabra es una tarifa media aceptable? ¿Cómo empezasteis vosotros?
¡Que paséis una buena semana!
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